ESCULTURA ESPAÑOLA ACTUAL 2000-2010

30 de septiembre 2009 – 21 de febrero 2010

Tras la crisis del paradigma de la estatuaria clásica que tuvo lugar en el siglo XIX, la práctica escultórica ha estado implicada en todos los “ismos” de la vanguardia, reinventando su propia especificidad en el ámbito de las artes plásticas hasta convertirse en uno de los campos más innovadores, radicales y fértiles. El minimalismo bajó a la escultura del pedestal al suelo, replanteando un modo diferente de percibir y experimentar el espacio, la forma y la materia. Rosalind E. Krauss establecía en su célebre ensayo “La escultura en el campo expandido”, publicado en 1979, las coordenadas que situaban las nuevas prácticas escultóricas de los 60 y 70. Se había producido un desplazamiento del interés por el equipaje ornamental de la forma, hacia un espacio que, bajo un impulso utópico, buscaba una interacción experimental con el espectador.

En este nuevo lugar de la escultura confluyen lenguajes de diversas áreas artísticas, de la fotografía, el vídeo, el arte efímero, las instalaciones o las performances, y se integran elementos de las nuevas tecnologías, de la arquitectura e, incluso, cercanos a la ingeniería, manifestándose como el espacio creativo más revelador de la transversalidad que caracteriza hoy a las artes visuales. Y aunque la división tradicional de las artes  haya casi desaparecido, la escultura se distingue por una voluntad de explorar lo espacial tridimensional, ya sea real o virtualmente, bajo la tensión dialéctica que se establece entre el objeto y su ausencia. Por esta senda, la escultura ha venido protagonizando uno de los episodios más fructíferos del arte contemporáneo internacional.
En el arte español, desde mediados de los años ochenta, se produce un rebrote de la escultura en consonancia con las corrientes internacionales. Una tendencia que ha ido madurando y consolidándose con el tiempo. Esta exposición quiere contribuir al debate sobre el  estado de la escultura española actual y, asimismo, del arte en sí, a través de las obras de 14 artistas de muy diferentes generaciones, planteamientos y trayectorias. Sin pretender una cartografía canónica, ni fijar criterios de representatividad estadística o jerárquica, se ha querido presentar la  diversidad de poéticas que conviven de manera convergente o divergente en el escenario artístico español. Y para que esta convergencia rinda su elocuencia más “dramática”, en palabras de Francisco Calvo Serraller, comisario de la muestra, se ha tratado de acotar la actualidad estrechando la cronología de las obras: todas ellas han sido realizadas en los diez primeros años de este nuevo milenio: entre 2000 y 2010.
La disposición de las obras en las salas, más allá de razones espaciales, trata de suscitar conversaciones entre las poéticas singulares de los diferentes artistas convocados, todos con gran proyección internacional, revelando el escenario amplio y abierto de las artes visuales en España, que aparece enraizado tanto en las vanguardias históricas como con las tendencias artísticas de los años sesenta y setenta.
El realismo de corte existencialista de la obra de Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) se confronta con la reflexión que Juan Navarro Baldeweg (Santander, 1939) hace sobre lo escultórico trabajando con la luz, el volumen y el vacío en una serie de cabezas de diferentes formatos. En Jaume Plensa (Barcelona, 1955), la escultura es un lugar de pensamiento sobre la condición humana en el que  poesía y forma se aúnan. Las complejas y dinámicas estructuras de Blanca Muñoz (Madrid, 1963) nos remiten a una percepción de lo cosmológico. Mientras que la particular imaginería de Francisco Leiro (Cambados, Pontevedra, 1957) hunde sus raíces en lo mitológico y ancestral.
La sensualidad mediterránea se desborda en la materialidad “pictórica” de las cerámicas de Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957). En las obras de Susana Solano (Barcelona, 1946) se articula el rigor constructivo, la reflexión sobre el espacio y las huellas de la memoria. Elena del Rivero (Valencia, 1949) revela el perfil trascendente de las cosas sencillas explorando el mundo cercano y doméstico. Naia del Castillo (Bilbao, 1975) rastrea en sus trabajos las políticas de género a través de las estrategias de seducción amorosa y los estereotipos de la vida cotidiana. Pello Irazu (Andoain, Guipúzcoa, 1963) elabora una sintaxis escultórica con la relación entre plano y tridimensionalidad buscando una experiencia espacial del tiempo. El deseo, la muerte y la fugacidad de la vida son temas recurrentes en el trabajo de Javier Pérez (Bilbao, 1968), desarrollado desde una gran exquisitez conceptual y formal. Eva Lootz (Viena, Austria, 1940) incide en la poética de los materiales y las formas en una pieza de contenido alegórico. Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) crea espacios de percepción, ambiguos, frágiles, laberínticos  y transparentes, que confrontan ideas como seguridad, amenaza, cobijo o desorientación. Y Sergio Prego (Fuenterrabía, San Sebastián, 1969) utiliza diversos dispositivos, tecnológicos y constructivos, para replantear nuestra relación con el espacio y el tiempo.

Con el patrocinio de Excma. Diputación Provincial de Segovia y Caja Madrid. Obra Social.