EXTRANJEROS.

Los otros artistas españoles

24 de mayo   – 15 de septiembre 2002

La exposición Extranjeros. Los otros artistas españoles recoge la obra de 34 artistas que, procedentes de diecisiete países distintos, residen o han residido en España desde la década de 1950 hasta la actualidad.
Desde el Romanticismo, España ha atraído a numerosos artistas extranjeros que, de forma temporal o definitiva, se han instalado en ella. En ciertos periodos de nuestra historia su influencia ha sido capital para el desarrollo del arte español: en las dos primeras décadas del siglo XX supuso la introducción de la vanguardia plástica y literaria; durante el franquismo, una de las escasas vías de contacto con el exterior. La exposición Extranjeros. Los otros artistas españoles recoge la obra de 34 artistas que, procedentes de diecisiete países distintos, residen o han residido en España desde la década de 1950 hasta la actualidad. Podríamos, por tanto, considerarla una muestra de arte internacional realizado dentro de nuestras fronteras. Su título es deliberadamente provocativo, pues si algo pone de manifiesto este conjunto de creadores es un fenómeno ejemplar de integración social, de forma que ni se sienten ni les sienten como «extranjeros». La exposición pretende analizar las relaciones del arte español y el arte internacional a través de la presencia en nuestro país de artistas foráneos. Como conclusiones se pueden señalar, por ejemplo, que las iniciativas modernizadoras del arte español de este último medio siglo han contado, casi sin excepción, con una significativa presencia de extranjeros. Asimismo, jugaron un papel realmente importante en la consolidación del arte abstracto, y un papel relevante en lo que respecta al arte conceptual y de acción, esto es, hasta mediados los años ochenta. Es precisamente desde la década de 1980 cuando su influencia ha ido quedando difuminada en el conjunto del arte español, cada vez más equiparable al internacional. Dentro de un conjunto sorprendentemente amplio, hemos tratado de realizar una selección representativa, tanto de su procedencia como de los lenguajes artísticos empleados. Pertenecientes a distintas generaciones y a tres continentes, hombres y mujeres, pintores, escultores y un fotógrafo conforman uno de los mapas posibles del arte actual.

La mencionada aportación a la Abstracción informalista está representada en los años cincuenta por artistas como los alemanes Will Faber y Erwin Bechtold y en la década siguiente por el argentino Alberto Greco, a su vez introductor en España del arte de acción -ámbito en el que tuvieron un papel destacado el alemán Volf Wostell y el italiano Walter Marchetti-. La figuración está presente desde polos opuestos: la de raíz gestual, del holandés Lucebert o el chileno Gastón Orellana y la casi hiperrrealista del también chileno Claudio Bravo o el alemán Mati Klarwein. Es importante también la representación del arte geométrico: el cubano Waldo Balart, el norteamericano Rinaldo Paluzzi, o el argentino Adolfo Estrada, que llegaron a lo largo de los años sesenta y setenta. En esta última década lo hicieron el japonés Mitsuo Miura, y los austríacos Eva Lootz y Adolfo Schlosser, cuya obra supuso un impulso en la renovación de la escultura, y lo mismo puede decirse de Tom Carr, español de origen británico. Ya en el último cuarto del siglo XX, la llegada de artistas extranjeros se hace más numerosa: el alemán Alberto Oehlen, un abstracto radical, el uruguayo Yamandú Canosa, cuyo trabajo versa frecuentemente sobre la inmigración, el checo Dokoupil, un ejemplo de los nuevos caminos de la Figuración. Destaca en este periodo la pintura de inspiración más tradicional del británico Simon Edmonson y el islandés Nicolai, o la recuperación de una sensibilidad típica del periodo de entreguerras de la holandesa Angie Kaak. Aparece también en los últimos años una serie de creadores que viven a caballo entre distintas ciudades y países: el irlandés Sean Scully o la checa Jana Sterbak, el primero desarrolla una peculiar pintura geométrica y expresiva y la segunda es representa el interés por el tema del cuerpo a través de los más variados recursos conceptuales -interés que comparte con el peruano Diego Figari- Por su parte, el filipino Manuel Ocampo lleva a cabo una pintura crítica utilizando la retórica barroca, mientras que los argentinos Laura Lío y Alejandro Corujeira, los más jóvenes de la muestra, se sitúan en la abstracción lírica el primero y en una escultura de orígenes constructivos llevada a la levedad y el silencio que, aún con muchas diferencias, guarda el delicado eco de los excepcionales collages del uruguayo Washington Barcala. Quedan al margen singularidades como las poéticas fotografías del argentino Humberto Rivas y las telas surrealistas del cubano Jorge Camacho. Inclasificable es también la obra del duo Yannik Vu y Ben Jakober, y su peculiar escultura simbólica. Querríamos finalizar mencionando dos casos extremos: el filipino Fernando Zóbel, creador del Museo de Cuenca y artista plenamente «español», y el francés Yves Klein, cuya estancia en Madrid fue capital en su evolución personal pero no dejó huella en el arte de nuestro país

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