JOSÉ MANUEL BALLESTER

Umbrales del silencio

10 de abril – 14 de septiembre, 2014.

La exposición de fotografías José Manuel Ballester. UMBRALES DE SILENCIO es un proyecto sin precedentes, en el que el artista se sumerge, por primera vez, en los recovecos de una ciudad mediana con un rico pasado histórico, para traerlo hasta el presente y dialogar con él. Además de las obras en el Museo, la exposición incluye cuatro instalaciones en El Alcázar, la Academia de Artillería, el Museo de Segovia, y la Iglesia de San Juan de los Caballeros, en un diálogo en el que se invita a visitar algunos de los lugares que han inspirado la muestra y otros idóneos para la obra que se expone. (VER HORARIOS DE VISITA Y UBICACIÓN)

La exposición, reúne sesenta y cuatro obras del artista. Cincuenta y dos de ellas se han realizado ex profeso para este proyecto. Otras doce pertenecen a su serie Espacios Ocultos.
El proyecto Umbrales de Silencio, surge en el año 2007, cuando el Museo de  Arte Contemporáneo Esteban Vicente encarga al fotógrafo José Manuel Ballester fotografiar lugares de la ciudad de Segovia con el fin de sacar a la luz la riqueza arquitectónica, pictórica y natural escondida en la ciudad. Esta riqueza permanece oculta, bien por pertenecer al ámbito privado, a clausura o por tratarse de lugares vedados al público general por su dificultad de acceso. Son obras que, como la mayor parte de las que alberga nuestra ciudad,  subrayan su universalidad.
A lo largo de estos años, Ballester ha ido fotografiando espacios ocultos, abiertos o cerrados, arquitecturas o paisajes llenos de historia con una amplia huella cultural. Espacios preñados de vidas diversas que se han sucedido a lo largo del tiempo.
Sus fotografías de Segovia, como la mayoría de sus obras, representan lugares silenciosos, solitarios, en reposo; son obras que muestran y definen ante todo espacios vacíos que invitan a la reflexión. Destaca en ellas una singular interpretación del espacio arquitectónico, del vacío y la luz, la renovación de las técnicas fotográficas y su carácter pictórico. Porque Ballester devuelve a la creación fotográfica el carácter artesanal gracias a la utilización del ordenador para  redibujar, iluminar y colorear los espacios, y a la manipulación que permiten los nuevos materiales y técnicas de impresión. Sus obras nos hablan plásticamente de composición, líneas, planos, geometría, color, luz, pero también de atmósfera, de vida biológica y de la huella humana que cobijan. El artista acude a los grandes formatos que invitan a entrar en la obra y a compartir con él su actitud observadora.
Aunque la dedicación de Ballester a la arquitectura, al vacío y al silencio es conocida, hasta ahora no había realizado una incursión sistemática en áreas arquitectónicas ocultas del pasado. Sin embargo, estas obras tienen una íntima relación con las de su serie Espacios Ocultos,  en la que el artista fotografió obras maestras de la pintura universal, vaciándolas de personajes. Ambas series muestran espacios descontextualizados donde el pasado continúa y  resuenan en él las vidas que albergan. Por ello, se incorpora una selección de la serie Espacios ocultos con el fin de profundizar en el sentido de la muestra y servir de engranaje para organizar un hilo conductor. La incorporación de esta selección permite además diseminar estas obras por la ciudad.
Siguiendo la metáfora de la rueda de la vida, una serie de agrupaciones sugieren actitudes y preguntas esenciales ante lo que vamos a ver. Un primer conjunto está organizado en torno al AGUA, en relación con el origen de la vida. El segundo en torno a la LUZ, que comparte con el anterior su relación con el origen de la existencia, al que añade el simbolismo del conocimiento intelectual o espiritual y la iluminación puramente física. El tercero se organiza en torno al ESPACIO, donde todo se manifiesta, y comparte con el cuarto y último grupo de fotografías, dedicadas al TIEMPO, las transformaciones que se producen y el transcurrir de las vidas hasta la muerte, anuncio de un renacer biológico o espiritual.

Las fotografías que se presentan en el Museo, han sido realizadas en las siguientes localizaciones: casa de los Rueda o casa de Don Álvaro de Luna, antigua cárcel de Segovia, Iglesia de San Miguel, Palacio Episcopal, Monasterio de San Antonio el Real, Monasterio de El Parral, Monasterio de San Vicente el Real, Monasterio de Monjas Dominicas de Santo Domingo el Real, Academia de Artillería, Catedral y Alcázar. De ellos se han fotografiado puertas, interiores de cubiertas, escaleras, torres, claustros, huertas, estanques, refectorios, coros, celdas, zaguanes, patios y bibliotecas.
La exposición es un paseo fascinante por la ciudad, no sólo a través del espacio, sino también del tiempo, de los tiempos cronológicos, emocionales, imaginarios y de las vidas que engloba. Apela también al mundo interior, a la psique del espectador, activada por la sorpresa que causan las imágenes deshabitadas. Nos mueve a una reflexión acerca de la interioridad del espacio que nos habita.

Desde el 7 de mayo la exposición se completa en el Museo con la instalación sonora “El eco en la ciudad de piedra”. Un proyecto realizado ex profeso por el técnico de sonido de la naturaleza Carlos de Hita en el que los sonidos captados en el exterior quedan encerrados en la sala del Museo trazando un dibujo sin líneas de la ciudad de piedra. El sonido y sus reflejos, el eco y la reverberación, rellenan los espacios de la ciudad y reproducen una geometría sonora: los tejados en el crotorar de las cigüeñas, los muros en la voz de las chovas, la medida del tiempo mientras se apagan las campanas. La instalación podrá visitarse por las tardes en el horario habitual de apertura del Museo y los domingos en horario de mañana.

Con el patrocinio de Abertis Autopistas.